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Sociedad Dante Alighieri Ciudad de México
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Vacanze italiane (al mare)

Da sempre l’estate italiana è uno dei momenti più sentiti di tutto l’anno. E per l’italiano medio estate fa rima con agosto. Perché? Semplice, molte aziende chiudono in quel mese e quindi i dipendenti ne approfittano (a volte sono quasi obbligati) per prendersi le ferie. Non male, perché agosto è pure il mese più caldo quindi meglio stare al mare che in città J.

 

“Maria dove hai messo il mio costume?”

“Francesca, lascia stare tuo fratello. Il costume è già in valigia Giovanni”

“E le infradito?”

“Non sono stata io, è Marco che ha iniziato”

“Lo ho messe in valigia pure. Se non la smettete quest’anno le vacanze le facciamo all’idroscalo”

 

Così iniziano le vacanze della famiglia Rossi, quando la sera prima della partenza papà Giovanni non riesce a trovare tutte quelle cose che la moglie Maria aveva messo in valigia già da tre giorni.

 

Sveglia alle 4.15 per evitare le code, arrivare presto ma soprattutto combattere le temperature infernali delle autostrade italiane in agosto. Direzione? Gallipoli, Puglia 1.069 Km!

 

Alle 5.15 la famiglia Rossi è in una macchina familiare piena zeppa di cose che useranno durante la settimana e piena zeppa anche di cose che non useranno mai ma che secondo Maria potrebbero usare. Marco dorme, troppo presto per iniziare la giornata. Francesca invece ha gli occhi più spalancati di un pesce a cui hanno dato del caffè. Già non vede l’ora di essere in spiaggia con le amiche che non vede da un anno intero, e chissà, magari quest’anno darà il primo bacio a Matteo.

 

Lasciano alle loro spalle una Milano deserta per entrare in un’autostrada che a quell’ora sembra la compagna di viaggio perfetta: silenziosa e rassicurante.

 

Tre ore dopo le cose sono già diverse. Lavori in corso all’altezza di Forlì, il termometro della macchina che segna già 29 gradi, Marco e Francesca che si dicono insulti che Giovanni e Maria nemmeno pensavano potessero esistere. Velocità media di percorrenza di quel tratto 1.75 km/h. Kilometri all’arrivo 809. Giovanni guarda fuori dal finestrino e vede un ragazzo su una moto che supera la coda senza alcuno sforzo. Sospira. Forse perché ripensa ai tempi in cui anche lui poteva andare in moto, prima che Maria le dicesse “Ora sei padre… Cresci Giovanni”. Forse perché si costringe a pensare a quando arriveranno a destinazione e potrà finalmente rilassarsi, o forse quel sospiro è dedicato al motociclista, e ai suoi capelli che escono dal casco. Era bello averli.

 

12.47 Pescara. La fame in auto si taglia con il coltello e c’è una tensione da lupi. No, aspetta, in macchina il lupo si taglia con il coltello… mmm no, nemmeno. Ah ok, in macchina c’è una fame da lupi e la tensione si taglia con il coltello. Giovanni ferma la macchina e decide che il coltello è meglio usarlo per fare i panini. All’autogrill “Mai una gioia” la famiglia Rossi mette in scena l’atto principale di quella splendida commedia italiana chiamata “Il viaggio in macchina”, cioè il pranzo al sacco composto da panini con la cotoletta, parmigiana, caprese (un po’ di leggerezza ci vuole), salame al cioccolato e termos di caffè che alle 13.07 è ancora caldo. Benzina, tappa bagno, minacce verso i figli che ormai non sortiscono altro effetto che renderli più solidali tra loro e via verso il sud. Ancora 498 Km e sarà SALENTO!

 

All’altezza di Termoli Giovanni ha perso tutte le speranze, ritrovate poi poco dopo a metà strada tra San Severo e Foggia quando gli pare di vedere la Madonna vestita da Padre Pio.

 

Marco e Francesca non hanno più nemmeno la forza di litigare tra loro, si abbracciano e riscoprono un legame che solo nei momenti più difficili della vita riesci ad avere. Maria guarda Giovanni e non capisce come abbia fatto a mettere su tutta quella pancia. Poi vedendolo nervoso gli dà un mezzo panino che era avanzato dal pranzo.

 

Alle 17.23 superando code kilometriche, temporali estivi e temperature proibitive finalmente la famiglia Rossi arriva a Gallipoli dove li accoglie una sagra paesana, carne e pesce fresco, un dialetto sconosciuto e una delle acque più belle d’Europa. Per una settimana potranno dimenticare il traffico della città e forse Francesca riuscirà a dare il suo primo bacio. Per una settimana la preoccupazione più grande sarà trovare il posto in spiaggia… Fino al rientro, in cui si ripeterà la stessa storia, ma questa volta non ci sarà il mare ad aspettarli ma la tangenziale e la circonvallazione :D

Articolo scritto da Michael Di Pietro

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Verano italiano (al mar)

El verano es uno de los momentos del año más esperados por los habitantes del país de la “Bota”. Y del verano, el mes de agosto es el rey. ¿Por qué? Simple, muchas empresas cierran durante ese mes y los empleados aprovechan (a veces casi obligados) a tomar vacaciones. No está mal, porque agosto es también el mes más caliente así que es mejor ir al mar que quedarse en la ciudad.

"Maria, ¿dónde está mi traje?"

“¡Francesca, deja a tu hermano en paz! El traje ya está en la maleta Giovanni "

"¿Y las chanclas?"

"No fui yo, empezó Marco"

"Las puse en la maleta también. Si no dejan de molestarse, este año las vacaciones las hacemos en la alberca publica, ¿escucharon?"

Así comienzan las vacaciones de la familia Rossi, cuando la noche antes de empezar el viaje hacia el sur, papá Giovanni no lograba encontrar todas las cosas que necesitaba y que su esposa María había ya alistado por lo menos tres días antes.

El despertador suena a las 4:15, una táctica para evitar las colas en la autopista y aprovechar más el día. Además de tomar ventaja en la infinita lucha que todos los vacacionistas enfrentan año tras año en contra de las temperaturas infernales de las autopistas italianas en agosto. ¿Dirección? Gallipoli, Puglia ¡1.069 kilometros!

A las 5:15 la familia Rossi se encuentra en un coche familiar lleno de cosas que van a utilizar durante la semana y también lleno de cosas que nunca usarán durante esa semana… Y que según Maria, podrían utilizar. Marco sigue dormido, demasiado temprano para empezar el día. Francesca, al contrario, tiene los ojos más abiertos que un pez al que dieron varias tazas de café. No puede esperar para estar en la playa con los amigos que no ve desde el año pasado, y quién sabe, quizás este año podría también darle el primer beso a Matteo.

¿Que dejan detrás de ellos? Una Milán vacía para entrar en una carretera que en ese momento parece ser el perfecto compañero de viaje: tranquila y relajante.

Exacto… En ese momento. Tres horas más tarde, las cosas son diferentes. Obreros trabajando en la calle a la altura de Forli, el termómetro del carro que ya marca 29 grados, Marco y Francesca que intercambian insultos que Giovanni y Maria ni siquiera sabían de su existencia. La velocidad media durante ese tramo es de 1.75 km/h. ¡Y todavía faltan 809 km! Giovanni mira por la ventana de su coche y ve a un chico manejando una moto. Ligero y rápido supera la cola sin ningún esfuerzo. Giovanni suspira. Tal vez porque piensa en los días en que él también andaba en moto y lo divertidos que eran. Luego, llegó Maria  a su vida con sus frases imperativas: "Ahora eres un padre... No eres un niño Giovanni. ¡Crece!". Tal vez suspira porque se obliga a pensar en cuánto les falta para llegar a su destino y, finalmente, poder relajarse. O tal vez ese suspiro se lo dedica al motociclista, y a su pelo que sale del casco. ¡Qué bonito fue tener pelo en un tiempo!

12:47 Pescara. La familia Rossi tiene hambre. Giovanni lo percibe y no tiene otra opción que pararse para poder salir un rato de ese clima pesado que llena el carro de malas vibras. En el  “Autogrill MaiUnaGioia" la familia Rossi está ensayando el acto central de esa maravillosa comedia italiana llamada: "El viaje al mar en coche", es decir, un almuerzo que consta de sándwiches de milanesa empanizada, parmigiana, caprese, salame de chocolate y termo de café espresso de un litro que a las 13:07 todavía sigue caliente. Gasolina, parada al baño, unas amenazas a los niños los cuales parecen ahora aliarse entre ellos para sobrevivir y el viaje sigue hacia el sur. ¡Otros 498 kilometros y será Salento!

 A la altura de Termoli, Giovanni ha perdido toda esperanza. A la mitad de camino entre San Severo y Foggia, le parece ver a la Virgen disfrazada de Padre Pio. No le parece posible y toma otro café para que su mente vuelva a la realidad.

Marco y Francesca ya no tienen la fuerza para discutir entre ellos, se abrazan como dos compañeros del mismo equipo después de un gol, y descubren un vínculo familiar que sólo en los momentos más difíciles de la vida llegaran a tener. Maria mira a Giovanni y no entiende cómo puede ser que en tan poco tiempo haya engordado tanto. Luego, viéndolo un poco nervioso le alcanza un bocadillo que guardaron del almuerzo.

A las 17:23, contra las apuestas de los bookmakers ingleses que los daban por perdedores y superando colas kilométricas, tormentas de verano y temperaturas infernales, finalmente la familia Rossi llega a Gallipoli, en donde su bienvenida es una fiesta de pueblo con carne y pescado fresco, un dialecto extraño, y una de las más bellas aguas del mundo. Durante una semana podrán olvidarse del tráfico de la ciudad, y tal vez Francesca sea capaz de declararse a Matteo, y por fin, dar su primer beso. Durante una semana, la mayor preocupación será encontrar en buen lugar en la playa... Y pedir cerveza y cocteles (sin alcohol para los niños obviamente). Todo esto hasta el día de regreso, en el que se repetirá la misma historia, pero esta vez a su llegada no encontrarán el mar azul, sino un mar de carros tocando claxon y enojados por haber terminado “le vacanze”… Y así será… Hasta las siguientes vacaciones :P

Articulo escrito por Michael Di Pietro

Escrito por
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