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The Devil Wears Prada 2: Milán como protagonista

Actualizado: 14 may

La moda siempre ha tenido una relación inseparable con Italia, pero en The Devil Wears Prada 2 esa conexión alcanza un nuevo nivel. Más allá de los vestuarios impecables, los tacones imposibles y el regreso de la legendaria Miranda Priestly, la película transforma a Milan y a algunos de los escenarios más elegantes del norte italiano en auténticos personajes de la historia. Entre catedrales góticas, palacios históricos, conventos renacentistas y villas frente al lago, la secuela convierte a Italia en el epicentro absoluto del glamour cinematográfico.


El majestuoso Duomo di Milano


Como atracción principal de la ciudad, el imponente Duomo di Milano aparece constantemente en distintos planos de fondo a lo largo de la película, recordando al espectador que la historia se desarrolla en la capital italiana de la moda. La catedral, considerada una de las obras maestras del estilo gótico tardío, deslumbra con sus agujas, vitrales y su característica fachada de mármol blanco rosado.


La construcción del Duomo comenzó en 1386 bajo el mandato de Gian Galeazzo Visconti y tomó varios siglos en completarse. Aunque gran parte de la estructura principal ya estaba levantada para el siglo XVI, los trabajos continuaron hasta 1965, año que oficialmente marca la finalización de la catedral. A lo largo de su historia, el edificio también fue escenario de uno de los momentos políticos más simbólicos de la Italia napoleónica, en 1805, Napoleon Bonaparte fue coronado allí como Rey de Italia.



Pinacoteca di Brera: arte, moda y el debut de Lady Gaga


Uno de los momentos más espectaculares de la película ocurre dentro de la Pinacoteca di Brera, el histórico complejo donde se organiza la exclusiva pasarela de Runway. Es precisamente aquí donde Lady Gaga aparece por primera vez en pantalla interpretando “Runway”, el tema original creado especialmente para la película.


Ubicada en el elegante Palazzo Brera, la Pinacoteca nació oficialmente en 1809 durante la época napoleónica y con el tiempo se convirtió en uno de los museos más importantes de Italia, resguardando obras maestras de artistas como Rafael, Caravaggio y Bellini. Sus interminables galerías llenas de arte hacen del recinto el escenario perfecto para una secuencia de alta costura y espectáculo musical.


En el centro del patio del palacio se encuentra una de las esculturas más icónicas de Milán, la monumental estatua de Napoleon Bonaparte representado como Marte Pacificador, obra del escultor Antonio Canova. La figura domina visualmente el espacio y en la película aparece durante varios encuadres mientras celebridades, editores y modelos ingresan al desfile.



Una cena imposible en Santa Maria delle Grazie


En una de las escenas más comentadas del filme, Miranda Priestly organiza una cena dentro del refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie, justo debajo de La Ultima Cena de Leonardo da Vinci. Aunque la secuencia parece completamente real, el rodaje recreó el espacio mediante un set construido a escala acompañado de una réplica pintada a mano de la obra, ya que filmar directamente en el recinto histórico habría sido imposible debido a las estrictas medidas de conservación.


El convento dominico de Santa Maria delle Grazie fue construido en el siglo XV y es considerado uno de los máximos exponentes del Renacimiento lombardo. Sin embargo, su fama mundial se debe a La Última Cena, realizada por Leonardo entre 1495 y 1498. El mural revolucionó la pintura renacentista gracias a su composición y a la manera en que captura el instante exacto en que Jesús anuncia la traición de uno de sus discípulos.



La Villa Balbiano en el majestuoso Lago di Como


Lejos del caos de Milán, la película se traslada hacia la tranquilidad del Lago di Como, uno de los destinos más exclusivos de Italia y refugio habitual de celebridades, aristócratas y magnates.. Rodeado de montañas y pequeñas villas históricas, el lago aporta un tono más íntimo a la historia.


La principal locación en esta región es la espectacular Villa Balbiano, una residencia del siglo XVI. En la película, la villa funciona como la residencia de Benji Barnes, el multimillonario exesposo de Sasha Barnes, con quien Emily Charlton mantiene una relación mientras se consolida como una poderosa estratega dentro de Dior.


Es precisamente en esta villa donde Andy y Emily se reúnen en un intento desesperado por salvar la revista Runway. Ambas buscan convencer al hijo de Irv Ravitz de vender la publicación y asegurar el futuro de la revista en medio de una crisis empresarial que amenaza con destruir el imperio editorial construido por Miranda Priestly.



Jardines perfectamente simétricos, terrazas frente al agua, muelles privados y lujosos interiores barrocos encapsulan la esencia del lujo italiano contemporáneo. La atmósfera romántica del lago contrasta con la tensión emocional de los personajes, convirtiendo a esta parte de la película en uno de sus segmentos visualmente más impactantes.


The Devil Wears Prada 2 rinde homenaje a algunos de los espacios más emblemáticos

de Italia.



 
 
 

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