Valentino Garavani: 1932–2026
- Eduardo Montoya
- hace 2 horas
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En el número 23 de Piazza Mignanelli, a unos pasos de la Escalinata de la Plaza de España, en Roma, en la sede de la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, se dio el último adiós a Valentino Clemente Ludovico Garavani, fallecido el 19 de enero de 2026. El lugar, estrechamente ligado a su vida y a su legado, se convirtió en un punto de encuentro para recordar a uno de los creadores que definieron la identidad contemporánea de la moda italiana.

Valentino Garavani nació el 11 de mayo de 1932 en Voghera, una pequeña ciudad del norte de Italia. Desde muy joven comprendió que la moda era una forma de expresión rigurosa, capaz de transmitir ideas, emociones y valores. Su formación en París, en la École de la Chambre Syndicale de la Couture y en los talleres de Jean Dessès y Guy Laroche, le dio una base técnica sólida y una disciplina que marcarían toda su carrera. Sin embargo, fue también en París donde entendió que su verdadero camino pasaba por desarrollar una voz propia.

Su regreso a Italia coincidió con un momento clave para la moda del país. En 1960 fundó su casa de moda en Roma, en un contexto en el que la alta costura seguía girando en torno a París. Valentino supo abrirse paso con rapidez gracias a una propuesta que unía precisión técnica, sentido del espectáculo y una visión clara del saper fare. La moda italiana comenzó a ganar protagonismo internacional, y Roma se consolidó como un centro creativo capaz de dialogar de tú a tú con la tradición francesa.
A diferencia de otros diseñadores de su generación, Valentino construyó su identidad a partir del color. El rojo que lleva su nombre se convirtió en un rasgo distintivo reconocible en todo el mundo, el color como afirmación, como presencia y como símbolo de una feminidad segura de sí misma. Sus vestidos demostraban que el impacto visual podía lograrse sin estridencias ni artificios.

La relación de Valentino con la alta costura siempre estuvo guiada por una visión más amplia que la lógica del mercado. Sus creaciones vistieron a princesas, actrices y figuras públicas, pero también contribuyeron a definir una idea de elegancia atemporal. Cada colección respondía a una coherencia interna, a una búsqueda constante de equilibrio entre forma, color y proporción, alejada de la urgencia de las tendencias pasajeras.

En 2008, Valentino se retiró oficialmente de las pasarelas, poniendo fin a casi cinco décadas de actividad creativa. A partir de entonces, su figura se consolidó como la de un referente indiscutible de la moda del siglo XX y principios del XXI. Su legado permanece en archivos, exposiciones, colecciones históricas y, sobre todo, en una manera de entender la alta costura como disciplina, rigor y sensibilidad.
La muerte de Valentino marca el cierre de una etapa fundamental para la moda italiana. Su obra continúa admirada y reinterpretada, no como un ejercicio de nostalgia, sino como un modelo de coherencia y excelencia. En un mundo dominado por la velocidad, su trayectoria recuerda que el estilo auténtico se construye con tiempo, método y una visión clara.









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