Cinecittà: La fábrica de sueños de Roma
Si estás en Roma y ya conociste el Coliseo, la Fontana di Trevi, el Panteón y las grandes plazas que hacen de la ciudad uno de los destinos más fascinantes de Europa, todavía te falta descubrir un lugar muy especial al sureste de Roma. A unos 15 kilómetros del centro histórico, sobre la Via Tuscolana, se encuentra Cinecittà, un enorme complejo cinematográfico que durante casi un siglo ha el lugar donde la ciudad de Roma se convirtió en protagonista. Inaugurada oficialmente el 28 de abril de 1937, Cinecittà nació como uno de los grandes proyectos cinematográficos de la Italia fascista y llegó a reunir estudios, talleres, calles, plazas y espacios técnicos capaces de producir una película completa.

Su historia, sin embargo, comenzó en un momento particularmente complejo. Cinecittà fue concebida durante el régimen de Benito Mussolini, quien veía en el cine una poderosa herramienta cultural y política. La intención era convertir a Italia en una potencia cinematográfica y, al mismo tiempo, utilizar la gran pantalla para proyectar una determinada imagen del país. Pero la guerra transformaría radicalmente el destino de los estudios. Tras el conflicto, los espacios que habían sido construidos para producir películas llegaron a utilizarse incluso como refugio para personas desplazadas, mientras Italia intentaba reconstruirse. Con el tiempo, Cinecittà recuperaría su vocación cinematográfica y comenzaría una nueva etapa, una en la que los estudios dejarían atrás su origen político para convertirse en uno de los centros de producción más importantes del cine europeo. Ahí surgiría también una nueva identidad cinematográfica italiana, vinculada al neorrealismo y a una generación de directores que encontraron en Roma una ciudad extraordinariamente fotogénica.

Fue entonces cuando llegó Hollywood. Durante las décadas de 1950 y 1960, Cinecittà se convirtió en escenario de grandes producciones internacionales como Ben-Hur y Cleopatra, haciendo de Roma uno de los grandes centros del cine mundial. Pero hablar de Cinecittà es, sobre todo, hablar de Federico Fellini. El director convirtió los estudios en una extensión de su propia imaginación y allí realizó algunas de sus obras más memorables. La dolce vita, 8½ y Satyricon forman parte de esa relación casi inseparable entre Fellini y Cinecittà. No es casualidad que una de las instalaciones históricas del complejo lleve su nombre, la Palazzina Fellini, alberga actualmente parte de la experiencia dedicada al director.

Si quieres conocer Cinecittà, una de las formas más sencillas de llegar es tomar la Línea A del metro de Roma hasta la estación Cinecittà, prácticamente frente a los estudios de Via Tuscolana. Una vez ahí, puedes recorrer exposiciones dedicadas a la historia de los estudios y al cine italiano, contemplar vestuarios, fotografías, objetos y escenografías, y adentrarte en algunos de los espacios donde se rodaron las peliculas que después millones de personas conocieron en la pantalla. También es posible caminar por áreas históricas que todavía conservan escenarios utilizados por grandes producciones.
Mientras el centro de Roma conserva las huellas de los siglos que pasaron, aquí se conservan las huellas de las historias que nunca existieron y, sin embargo, todos recordamos.





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